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hilando recuerdos

Página 8

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Historia de amor

 

Dos personas realmente comprometidas

Colaboración de

Aurelio Berger

 

Mis padres vivieron 60 años de casados. Un atardecer mi padre vio como mi madre sufría un infarto. Desesperado corrió a buscar el Ford T, la levantó como pudo y la trasladó al Hospital. Cuando llegó, por desgracia, ya había fallecido. Lamentablemente, en aquellos años, las colonias quedaban demasiado lejos de la ciudad de Coronel Suárez. Durante el sepelio, mi padre no hablo, su mirada estaba perdida. Casi no lloró. Esa noche, en la humilde casa de adobe, sus hijos nos reunimos con él.

 

En un ambiente de dolor y nostalgia recordamos hermosas anécdotas. Comenzamos a hablar de la vida después de la muerte, conjeturando cómo y donde estaría mamá. Mi padre escuchaba con gran atención. Hasta que de pronto empezó a contar su historia junto a mi madre, entre sollozos y angustia: “Fueron –dijo- 60 años de casados. Nadie puede hablar de amor verdadero si no tiene idea de lo que es compartir la vida con una mujer así”.

Hizo una pausa. Se secó las lágrimas. Y continuó: “Compartimos la alegría de ver a nuestros hijos nacer, crecer y partir para hacer sus vidas. Lloramos uno al lado del otro la partida de seres queridos; rezamos juntos en la sala de espera del hospital; nos apoyamos en el dolor; disfrutamos de cada Navidad en familia; y perdonamos nuestros errores. Compartimos crisis. Épocas en que faltaba de todo para poner sobre la mesa”.

Nos miró a los ojos uno a uno y agregó: “Hijos, ahora se ha marchado y, a pesar de todo, me siento pleno. Y ¿saben por qué? Porque fuimos muy felices juntos y porque se fue antes que yo, no tuvo que vivir la agonía y el dolor de enterrarme, de quedarse sola después de mi fallecimiento”.

Esa noche entendí lo que es el amor. Dista mucho del romanticismo, no tiene que ver con el erotismo, más bien se vincula al trabajo y al cuidado que se profesan dos personas realmente comprometidas.

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Desde el alma

 

Así, verte de Lejos
Por José Ángel Buesa


Así, verte de lejos, definitivamente.
Tú vas con otro hombre, y yo con otra mujer.
Y como el agua que brota de una fuente
aquellos bellos días ya no pueden volver.

Así, verte de lejos y pasar sonriente,
como quien ya no siente lo que sentía ayer,
y lograr que mi rostro se quede indiferente
y que el gesto de hastío parezca de placer.

Así, verte de lejos, y no decirte nada
ni con una sonrisa, ni con una mirada,
y que nunca sospeches cuánto te quiero así.

Porque aunque nadie sabe lo que a nadie le digo,
la noche entera es corta para soñar contigo
y todo el día es poco para pensar en ti.

 

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