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hilando recuerdos

Edición Nº34 (Junio de 2009)

Página 1 - Tapa del periódico

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El valor de las fotografías antiguas

 

Página 4

 

¿Cuándo vamos a comprender que las viejas fotografías tienen un valor sentimental pero también histórico?

Lecciones de maestras y profesores

Página 5

Es fascinante como vamos olvidando lo que nos enseñaron nuestras maestras y profesores con el paso de los años. Y como, sin embargo, recordamos enseñanzas personales que nos marcaron el alma y nos educaron para toda la vida. Porque no es lo mismo instruir que educar.

¿Sabía usted que no es lo mismo un idiota, que un estúpido o un imbécil?

 

Página 7

 

Actualmente apenas diferenciamos entre estas palabras y a las tres genéricamente venimos a darle el mismo significado, es decir, el de “Tonto”. Pero en la realidad, y partiendo de sus orígenes, cada una de ellas significa cosas bastante diferenciadas.

Fotografías de Pueblo Santa Trinidad, San José y Santa María - Páginas 6, 12 y 18

Familia Roth de Pueblo San José: Perpetua de Roth, Juan Roth, Santiago Roth, Marcelo Heit, Juan Roth, Alfonso Roth, Isabel Roth, María Roth, Celestina Roth, José María Roth, Irma Roth y la nieta María Ester Heit (Gentileza Juan Frank)

 

Hermanos Darío, Alberto, Claudia y Andrea Berger (Gentileza de Andrea Berger)

Páginas 2 y 3

Páginas 2 y 3

El colectivo es el medio de transporte que utilizamos cotidianamente la mayor parte de los habitantes de las colonias para ir y volver de Coronel Suárez… pero ¿conocemos su historia? ¿Cómo surgió y se popularizó este medio de transporte? Periódico Cultural Hilando recuerdos lo revela en esta investigación…

 

 El colectivo, un invento argentino

 

En el marco de una mecanización creciente y de la crisis mundial en nuestro país nació uno de los inventos argentinos más reconocidos, un nuevo medio de locomoción que terminó por imponerse: el colectivo. Fue exactamente en 1928, cuando Hipólito Yrigoyen ganaba las elecciones con el doble de votos que su rival, Melo, y la Argentina perdía dos figuras de peso: el político Juan B. Justo y el escritor Roberto J. Payró; cuando en Londres se podía ver la primera imagen en televisión; cuando Einstein presentaba su teoría del campo unificado y Malcom Campbell conducía un automóvil a 333 kilómetros por hora.

Aquel año, los taxis de Buenos Aires comenzaban a sentir la falta de pasajeros y en un cafetín de Carrasco y Rivadavia (hay quien dice que fue en la esquina de Rivadavia y Lacarra), se reunían a pasar el mal rato un grupo de taxistas cansados de tanto infortunio.

En ese contexto histórico nació el colectivo. Un medio de transporte que utilizamos cotidianamente la mayor parte de los habitantes de las colonias para ir y volver de Coronel Suárez… pero ¿conocemos su historia? ¿Cómo surgió y se popularizó este medio de transporte? Periódico Cultural Hilando recuerdos lo revela en esta investigación…

 

   A quién se le ocurrió la idea de poner en práctica el "taxi colectivo", no se sabe, probablemente surgió entre todos. El hecho es que el 24 de septiembre de 1928 en la misma esquina donde se reunían, comenzaron a ofrecer a los gritos un viaje hasta Caballito por 20 centavos (la quinta parte de lo que hubiera costado en taxi), o a Flores por sólo 10. En esto también hay opiniones encontradas. .

 Algunos estudiosos del tema aseguran que los viajes ofrecidos eran a Plaza Once por 10 centavos, y como el negocio fructificó se extendieron hasta Plaza de Mayo por 20 centavos, la cuestión es que la gente se animó y comenzó a subir. 

Para brindar mayor comodidad, ampliaron la capacidad de los coches y llevaban un pasajero junto al conductor y cuatro en la parte de atrás.

Cuentan que aquel día de primavera, a las 8.30, partió hacia Primera Junta el primer colectivo de la historia.

Dado el éxito de la iniciativa, muchos comenzaron a ponerla en práctica. Inclusive, surgió una segunda línea que llegaba hasta Plaza de Mayo y que comenzó a rivalizar con la primera, a tal nivel que se registraron violentos encontronazos; pero luego terminaron fusionándose.

Desde su nacimiento afrontó inconvenientes de todo tipo: ofensivas de los tranvías que lo acusaban de competencia desleal, impuestos especiales y hasta expropiaciones. Pero no se puede negar que el invento ganó la batalla y se popularizó.

Este invento argentino llegó a Uruguay, Paraguay, Brasil y, lentamente, a otras ciudades del mundo.

Con el tiempo, el vehículo creció. Fue pintado con alegres colores, se inscribió en sus costados el nombre de la empresa fileteado, de cobrarse el boleto al descender se pasó a pagar al comienzo del recorrido y hoy, con unidades cada vez más modernas, el colectivo sigue andando por las calles argentinas.

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La falta de clientela a raíz de varios factores económicos, entre ellos, la crisis mundial, llevó a un grupo de taxistas a buscar una solución.  Entre aquellos pioneros estaban José García Gálvez, español naturalizado argentino y ex chofer de Jorge Newbery; Rogelio Fernández, quien años después correría en TC; Pedro Etchegaray; Manuel Pazos; Felipe Quintana; Antonio González y Lorenzo Porte. Comúnmente se cita que este problema de falta de clientela llevó a este grupo de taxistas a ver a Don Diego Abad de Santillán para buscar una solución. A Don Diego se le ocurrió transformar los autos en pequeños ómnibus llevando varios pasajeros por un itinerario fijado a un precio reducido por pasajero. Pero lo más probable es que la idea de poner a funcionar el “taxi colectivo” surgiera entre todos.

 

Página 4

 

El sabor de las cosas nuestras

 

El amor que se prodiga en la cocina

Por Pietro Sorba

 

Lo recuerdo todos los días. Lo percibo claramente. Es como si estuviera acá, en este momento. Es ese perfume y no otro. Esa estela de indescifrables aromas que todos los domingos se movían etéreos entre los cuartos de toda la casa y que, transportados por el viento, llegaban inmaculados a mi pequeña nariz de niño. Y allí, en ese preciso instante, esa estela, dejaba su marca. Indeleble. La tengo todavía, Recuerdo los vidrios de la cocina empañados. Recuerdo el perfume a limpio de la piel de mi padre. Recuerdo que nos invitaba a mi hermano y a mí a acercarnos a la mesa de la cocina. Subíamos a un banquito y bajo la atenta mirada de mi madre nos explicaba cómo teníamos que ayudar en la preparación de los ingredientes que, al cabo de pocas horas se habrían transformado en una comida deliciosa. Mi padre y mi madre nos enseñaron en esos domingos felices, de auténtica y verdadera vivencia familiar, cómo usar un cuchillo, como limpiar un pescado, como picar cebollas, zanahorias y apios, cómo hacer una salsa... En definitiva, como respetar y amar la comida. Evidentemente, era el idioma que les gustaba, que entendían y conocían. Recuerdo las ollas de aluminio. Perfectas. Enormes, brillosas. Listas para recibir los vegetales que hablamos picado gracias a las enseñanzas y a los consejos de nuestros padres. Verlos ahí dorándose dentro del aceite de oliva nos enseñó que la comida se transforma y si la tratas con respeto y amor esa metamorfosis da lugar a una comida exquisita. Todas las veces que paso cerca de una cocina y percibo ese perfume, ese olor de comida de casa y de esas recetas en particular, recuerdo la sensación de felicidad que me inundaba. Desde la punta de los pies hasta el último de los pocos pelos de mi cabeza. A pesar de los años, de la vida y del olvido es suficiente un segundo de ese olor. De ese perfume que sale de alguna cocina encontrada por casualidad. O de alguna puerta semiabierta de un restaurante y esos domingos de amor reviven de inmediato. Sentados en la mesa. Los cuatro. Sin peleas. Hablando de cosas simples. De la escuela. De las vacaciones. Del partido de fútbol que se aproximaba. O de nada. En silencio. Comiendo y nada más. Pero unidos. Con las caras serenas y felices. Era familia. Era amor.

Mi padre hoy no está pero todas las veces que visito a mi madre y nos reunimos con mi hermano, sin necesidad de hacer planes previos, mágicamente nos dirigimos hacia la cocina y nos preparamos algo de comer. Cada uno sabe lo que tiene que hacer. Sin darnos cuenta revivimos esos momentos. Momentos de comida. Momentos de amor.

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Editorial

 

Las fotografías antiguas

 

¿Cuándo vamos a comprender que las viejas fotografías tienen un valor sentimental pero también histórico? Almacenadas en ajados álbumes, en cajas de metal o abandonadas en los hogares en que fallecieron todos los inquilinos, son el patrimonio del que se nutre la base documental de la reconstrucción de la historia de nuestros ancestros, los alemanes llegados a la Argentina de allá lejos, allende el río Volga, en Rusia.

 

Las fotografías de finales del siglo XIX, de color sepia, algunas captadas todavía en la mismísima aldea de origen antes de partir rumbo a América, hasta las más actuales, en donde los descendientes de aquellos pioneros disfrutan de la prosperidad que ellos supieron legar, instalados en el bienestar de los pueblos alemanes de Coronel Suárez, revelan un cúmulo de conocimientos que no es posible reunir de otro modo.

La idea de recuperar y recopilar estas fotografías es la de crear una memoria que debe perseguir como fin la de fundar un archivo fotográfico. Conservarlas convenientemente clasificadas y guardadas en un lugar apropiado, servirán no solamente cono recuerdo sino para la consulta por parte de historiadores, sociólogos, investigadores, escolares y hasta público en general. Porque cada fotografía esconde una historia. Y cada una de esas historias revela un trozo de verdad de nuestro gran pasado cultural, social y económico, que hay que terminar de reconstruir definitivamente.

Página 5

Página 5

Lo que nos dejó la escuela

 

Lecciones de maestras y profesores

 

Es fascinante como vamos olvidando lo que nos enseñaron nuestras maestras con el paso de los años. Materias que parecían tan fundamentales para nuestro futuro profesional y que no pasaron de ser mero aprendizaje que el viento se llevó ante el primer contratiempo existencial. Y como, sin embargo, recordamos enseñanzas personales que nos marcaron el alma y nos educaron para toda la vida. Porque para ser justos con nuestras maestras de primaria, no fueron las materias escolares las que nos enseñaron a ser buenas personas sino sus ejemplos de vida y sus lecciones cotidianas de moralidad.

 

Hoy, que crecimos y somos adultos, nos damos cuenta que enseñar no es sólo aprender la lección y sacar buenas notas o dar lecciones orales parados frente al pizarrón y a una clase que nos escucha atenta pero aburrida. Hoy comprendemos que en la mayoría de las veces se trata mucho más que de eso y que hay una enorme diferencia entre instruir y educar. Instruir instruye cualquier maestra medianamente preparada; pero educar solamente educa la maestra que ha vivido y sabe lo que es la vida y, sobre todas las cosas, lleva en el alma grabadas palabras que saca a relucir en los momentos trascendentales de cada alumno y que, a veces, exceden el ámbito escolar y transforman su vida para siempre.

Por eso no me sorprende que al echar la mirada atrás, apenas recuerde cosas aprendidas en matemáticas, lengua, biología, ciencias sociales… y, sin embargo, aún atesore las palabras que me dijo una maestra el día que lloré por la muerte de algún ser querido o cuando sufrí por amor creyendo que iba a morir de tristeza.

Página 6 - Fotografías de Pueblo Santa Trinidad

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Celebración de los 15 años de Fernanda Mendoza. La acompañaron en tan maravilloso momento: Rubén Schwab, Laura Sieben y Eliana Schwab (Gentileza de Laura Sieben).

 

Año 1972. Enlace matrimonial de los esposos Laura Angélica Sieben y Rubén Hilario Schwab (Gentileza de Laura Sieben).

Fotografía tomada en momentos en que los esposos Eliana Schwab y Pablo Minig contraían matrimonio en el Registro Civil (Gentileza de Eliana Schwab).

 

Año 1972. Blanco Rubén Rubén Schwab (Gentileza de Eliana Schwab).

Página 7

¿Sabía usted que…

 

...no es lo mismo un idiota, que un estúpido o un imbécil?

 

Actualmente apenas diferenciamos entre estas  palabras y a las tres genéricamente venimos a darle el mismo significado, es decir, el de “Tonto”. Pero en la realidad, y partiendo de sus orígenes, cada una de ellas significa cosas bastante diferenciadas.

 

Reconozco que  cuando una persona  se hace merecedora de uno de estos adjetivos, lo normal, es que se le pueda aplicar por extensión cualquiera de los otros dos. Pero aquí vamos a aclarar lo que es de verdad un Estúpido, un Imbécil y un Idiota, para que de este modo podamos hablar con más propiedad y así, cuando insultemos a alguien, podamos hacerlo con el epíteto que más se adapte a sus auténticas cualidades.

Por ejemplo Idiota proviene del griego Idiotes, palabra con la que se designaba a las personas inexpertas o profanas en algún tema o profesión. A lo largo de los siglos el significado fue variando hasta que en el siglo XII entró en nuestro idioma proveniente del Francés Idiot que significa persona ignorante. Es decir, un idiota es un ignorante.

Luego tenemos el Imbécil que proviene del Latín Imbecillis y que significa persona débil o enjuta y aunque en un principio hacía referencia a una dolencia física, con el devenir del tiempo cambió para definir un mal mental y así podemos calificar a un Imbécil como un “débil mental”.

Por último nos queda el Estúpido cuya palabra viene también del Latín Stupidus y que significa sorprendido o asombrado. Los mismos romanos empezaron a aplicarla de modo despectivo a aquellos que son un tanto timoratos o que se asombran por todo. Resumiendo, un Estúpido es un alelado o un pasmado.

Así es que ya lo saben mis queridos lectores: Para no parecer un Estúpido (pasmado) y terminar convertido en un Imbécil (débil mental), lo mejor es no ser un Idiota (ignorante).

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 Anécdota: Travesuras de un niño que se pasaba de vivo y un sacerdote que se pasaba de pícaro

¡¡¡No empieces de nuevo!!!

Colaboración de

 Desiderio Walter

 

Eran las diez de la mañana. La colonia bullía de actividad. Los carros tirados por caballos iban y venían por la calle principal, cargados con enseres rurales. En tanto, ausente de este trajín, un niño de 9 años, llamado Joseph, regresaba a su casa antes de lo previsto, al haber acabado las clases en la Escuela Parroquial porque una de las hermanas religiosas se encontraba enferma.

Al ingresar ve a su madre con un hombre que no conoce desnudos en la cama, y al darse cuenta que no se han percatado de su presencia, se esconde en el armario para observar lo que hacen.

Entretanto el marido de la mujer llega también antes de hora, y la mujer mete a toda prisa a su amante en el armario, sin darse cuenta que dentro estaba su hijo.

El niño dice: -Está muy oscuro aquí dentro.

El hombre contesta sorprendido: -Sí, así es.

Niño: -Tengo una pelota de fútbol nº5.

Hombre: -Ah, muy bien.

Niño: -¿Querés comprarla?

Hombre: -No, gracias.

Niño: -Mi padre está ahí fuera.

Hombre: -De acuerdo. ¿Cuánto cuesta?

Niño: -2000 pesos.

Hombre: - Un poco caro, pero de acuerdo.

Unas semanas más tarde sucede lo mismo, y el niño y el amante se encuentran de nuevo escondidos en el armario.

Niño: -Está muy oscuro aquí dentro.

Hombre: -Sí, así es.

Niño: -Tengo unos guantes de arquero.

El amante, recordando la última vez que se encontraron, pregunta: -¿Cuánto cuestan?

Niño: -1000 PESOS.

Hombre: -De acuerdo.

Pocos días más tarde, el padre le dice al niño: -Trae tu pelota de fútbol y guantes de arquero, y vamos fuera a jugar un rato.

El niño contesta: - No puedo, los he vendido.

El padre pregunta: -¿A qué precio?

Niño: -3000 pesos.

El padre contesta: -Es terrible aprovecharse de alguien de esa manera. Ese precio es exagerado por las dos cosas. Hoy vamos a la iglesia para que te confieses.

Juntos se dirigen a la iglesia, y una vez allí el padre mete al niño en el confesionario.

Niño: -Está muy oscuro aquí dentro.

El cura contesta: -¡¡¡No empieces de nuevo!!!

 

 

Página 8

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Historia de amor

 

Dos personas realmente comprometidas

Colaboración de

Aurelio Berger

 

Mis padres vivieron 60 años de casados. Un atardecer mi padre vio como mi madre sufría un infarto. Desesperado corrió a buscar el Ford T, la levantó como pudo y la trasladó al Hospital. Cuando llegó, por desgracia, ya había fallecido. Lamentablemente, en aquellos años, las colonias quedaban demasiado lejos de la ciudad de Coronel Suárez. Durante el sepelio, mi padre no hablo, su mirada estaba perdida. Casi no lloró. Esa noche, en la humilde casa de adobe, sus hijos nos reunimos con él.

 

En un ambiente de dolor y nostalgia recordamos hermosas anécdotas. Comenzamos a hablar de la vida después de la muerte, conjeturando cómo y donde estaría mamá. Mi padre escuchaba con gran atención. Hasta que de pronto empezó a contar su historia junto a mi madre, entre sollozos y angustia: “Fueron –dijo- 60 años de casados. Nadie puede hablar de amor verdadero si no tiene idea de lo que es compartir la vida con una mujer así”.

Hizo una pausa. Se secó las lágrimas. Y continuó: “Compartimos la alegría de ver a nuestros hijos nacer, crecer y partir para hacer sus vidas. Lloramos uno al lado del otro la partida de seres queridos; rezamos juntos en la sala de espera del hospital; nos apoyamos en el dolor; disfrutamos de cada Navidad en familia; y perdonamos nuestros errores. Compartimos crisis. Épocas en que faltaba de todo para poner sobre la mesa”.

Nos miró a los ojos uno a uno y agregó: “Hijos, ahora se ha marchado y, a pesar de todo, me siento pleno. Y ¿saben por qué? Porque fuimos muy felices juntos y porque se fue antes que yo, no tuvo que vivir la agonía y el dolor de enterrarme, de quedarse sola después de mi fallecimiento”.

Esa noche entendí lo que es el amor. Dista mucho del romanticismo, no tiene que ver con el erotismo, más bien se vincula al trabajo y al cuidado que se profesan dos personas realmente comprometidas.

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Desde el alma

 

Así, verte de Lejos
Por José Ángel Buesa


Así, verte de lejos, definitivamente.
Tú vas con otro hombre, y yo con otra mujer.
Y como el agua que brota de una fuente
aquellos bellos días ya no pueden volver.

Así, verte de lejos y pasar sonriente,
como quien ya no siente lo que sentía ayer,
y lograr que mi rostro se quede indiferente
y que el gesto de hastío parezca de placer.

Así, verte de lejos, y no decirte nada
ni con una sonrisa, ni con una mirada,
y que nunca sospeches cuánto te quiero así.

Porque aunque nadie sabe lo que a nadie le digo,
la noche entera es corta para soñar contigo
y todo el día es poco para pensar en ti.

 

Página 9

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Historia que merece ser contada

 

 

Una vida de exilio, desarraigo y esperanza

 

 

Entre 1875 y 1914 la Argentina recibió a más de cinco millones de personas, que representaron el 14 por ciento del total del movimiento migratorio mundial. En ese entonces, nuestro país llegó a ocupar el tercer y aún el segundo lugar entre aquellos que recibían inmigración. La provincia de Buenos Aires, y en especial el partido de Coronel Suárez, no fue la excepción, tal como todos sabemos. Pero la historia inmigratoria no acaba allí, sino que continúa durante la Segunda Guerra Mundial con la llegada de personas que huyen del horror de las matanzas. He aquí una historia de exilio, desarraigo y esperanza.

 

Joseph nació en algún lugar de Rusia que dice no recordar o que prefiere no recordar, y llegó a la Argentina en 1949, junto a sus tres hermanas. El motivo por el cual tuvieron que huir se debió a la guerra y el hambre. Atrás quedaba el recuerdo de sus padres quienes no tuvieron la posibilidad de elegir hacia que lugar emigrar, pues su padre murió durante la guerra y su madre falleció víctima del severo régimen comunista.

Como muchos inmigrantes que llegaban al "nuevo mundo", a Joseph le costó adaptarse. "Llegué cuando tenía 11 años –contó alguna vez en una grabación que conserva su familia, que actualmente reside en Bahía Blanca, y a la cual tuvo acceso Periódico Cultural Hilando recuerdos- y fui al colegio para aprender el idioma que al principio me costó mucho, y también para aprender la cultura de acá. Mientras tanto mis hermanas trabajaban de domésticas".

Cincuenta años han pasado desde aquel entonces y Joseph encuentra que su vida ha cambiado muchísimo. Además de tener una familia de la que alguna  vez se sintió orgulloso, ha hallado en la religión un espacio donde encontrarse con Dios y con los suyos. (Decimos que “de la que alguna vez se sintió orgulloso, porque actualmente Joseph está internado en un lugar especial, donde se trata a pacientes con problemas psiquiátricos. Los malos recuerdos de la guerra, el rememorar permanentemente la muerte de sus padres  fusilados frente a él por soldados rusos durante la guerra; y presenciar enorme matanzas, lo han llevado a la locura).

El caso de Joseph es uno de las tantas historias anónimas de inmigrantes que arribaron a la Argentina con la esperanza de encontrar no sólo trabajo sino también la tranquilidad de saber que podían caminar por las calles sin temor a que un balazo de un soldado delirante acabara con sus vidas. Pero que no soportó la soledad de un país extraño pese a haber comenzado de nuevo casándose, teniendo hijos, y que materialmente el destino le haya vuelto a sonreír.

Joseph, como muchos inmigrantes que llegaron a la Argentina después de la Segunda Guerra Mundial, pensó que no se quedaría para siempre. Pero el paso del tiempo hizo que se establecieran definitivamente por voluntad propia. Él, al igual que algunos más, decidieron quedarse porque formaron una familia y creyeron que les sería difícil adaptarse después de tantos años a un nuevo lugar, aunque sea su lugar de origen. Otros, porque prefirieron conservar en su memoria el recuerdo de un pueblo que no ha sido afectado ni por la guerra ni por el tiempo. Y el recuerdo de un hogar lleno de gente que probablemente hoy ya no está.

Muchos prefieren conservar esas imágenes que los acompañarán siempre. Porque a pesar del desarraigo que lo viven con cierta nostalgia, les queda la seguridad de que aunque el tiempo transcurre, pues es algo inevitable, habrá rasgos, canciones, poemas que jamás podrán ser olvidados. Así como también el orgullo que cada uno de ellos conserva al decir soy alemán, español, italiano…

Página 10

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Escribe Profesor Desiderio Walter (desideriowalter@gmail.com)

 

Gracias Julio César por tus maravillosas historias

 

El escritor Julio César Melchior está llevando a cabo una tarea cultural de excelencia. Esto lo digo con conocimiento de causa. He vivido mucho y recorrido mundo. Por eso sé ver las cosas con objetividad y reconocer cuando alguien está haciendo algo bueno. Julio César está cristalizando una obra gigante desde un pueblo pequeño perdido en la inmensidad de la República Argentina. Y lo hace con una calidad literaria que merece los mayores elogios. Su obra trasciende las fronteras locales, provinciales y nacionales. Nada escapa a su pluma. Posee sapiencia, sabiduría pese a su juventud, cultura, y, sobre todas las cosas, es un hombre de bien, una persona que se ha transformado en un ejemplo de vida. Alguien que se ha sobrepuesto a todas las dificultades y demostrado que, a pesar de todo, siempre se puede.

 

Para destacar en su justa medida el gran trabajo literario que está llevando a cabo el escritor Julio César Melchior mediante sus libros y el Periódico Cultural Hilando recuerdos –que publica en sociedad con su hermana María Claudia- he recurrido a un bello texto de Norma Osnajanski que dice: “Nuestros abuelos bajaron de los barcos y, tal como nos repetía la maestra, convirtieron a este país en un “crisol de razas”. Fue así que nosotros, los que hoy somos –o estamos en condiciones de ser- abuelos, crecimos arrullados por relatos de aquella Europa lejana, partera del nono y de la bobe, de la paella y del strudel. Había tiempo y cercanía para aquellos relatos y sabores: sin abuelas que trabajaran fuera del hogar, ni abuelos que asistieran a un curso para la tercera edad, fuimos abonando el modelo de la viejita de rodete blanco y el patriarca bigotón. Pero entonces llegó la tele y el control remoto, el divorcio y los nuevos vínculos y la idolatría de “lo joven”. No sólo Europa, sino cualquier otro lugar del planeta parece ahora cercano: los nietos nos los acercan por Internet. ¿Dónde quedaron rodetes y patriarcas? ¿Qué se hizo de aquel modelo?”.

El escritor Julio César Melchior es consciente de estas pérdidas irreparables y se lanza a recuperarlas, “a buscar respuestas con la humildad y el coraje existencial de bucear en las propias experiencias de los protagonistas. Sus obras, sus historias y sus relatos, son testimonios de un camino sin atajos: el dolor y el goce, las preguntas abiertas, el abanico multicolor de lo humano están presentes más allá de todo estereotipo. Desde la vulnerable intimidad que se crea entre las dos puntas de la vida –los abuelos y los nietos-, hasta las conmovedoras historias de geriátricos, pasando por la mirada de un “nieto de la calle” o la imprescindible mirada de una abuela abandonada por la vida misma. Detrás de ese caleidoscopio –cuyas figuras cambiantes rescatan ideas, emociones  poesías de la vida- ha muchas horas de trabajo  compromiso con un tema al que la sociedad mediática suele destinar escasa atención”.

“Los abuelos  y abuelas” de las obras del escritor Julio César Melchior “son de carne y hueso, con sus sueños, cuestionamientos y amor. De la guía generosa de su pluma, de su corazón abierto, manan presencias vibrantes y necesarias. Que sus vidas hablen pues. Y que nosotros, sus afortunados lectores, sepamos aprovechar la sabiduría que traen”.

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Página 12 - Fotografías de Pueblo San José

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