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hilando recuerdos

Página 14

 

Orfandad

La sopa

 

-Abuelo, ¡venga a tomar la sopa! –gritó la mujer desde la cocina.
El viejito luego de un gran esfuerzo para levantarse del sillón, se aferró al gastado bastón y comenzó a caminar muy lentamente. Cuando llegó hasta la mesa con su mano izquierda, su nieta, de veinte años, corrió la silla y se dejó caer pesadamente en ella.

La mujer le sirvió el humeante plato de sopa.

-Es de cabellos de ángel, abuelo, como a usted le gusta.

Ella se retiró a corta distancia y se apoyó contra la mesada mirándolo fijamente.

-No deje nada en el plato, abuelo, le va a hacer bien.

En ese momento, llegaron dos muchachas sonriéndose, y haciendo comentarios en voz baja.

-Tome la sopa abuelito, verá que se va a sentir mucho mejor –dijo una de ellas, sin dejar de sonreír.

-Eso abuelito, no deje nada en el plato, que con la panza llena se le van a acabar los achaques… -dijo la otra, con un tono de voz dulce.

Las chicas, sonrientes, felices, se sentaron en la otra punta de la mesa, observándolo con curiosidad.

El viejito, apenas terminó de tomar la sopa, comenzó a transpirar copiosamente, llenando su arrugado rostro con grandes gotas de sudor. Intentó desprenderse el botón del cuello de su camisa, utilizando su mano izquierda que, ya no tan buena, temblaba casi tanto como suele hacerlo siempre su mano derecha. Pero no pudo. Sintió que se asfixiaba, que se caía, que se desvanecía, pero aún tenía sus ojos abiertos, aterrorizados, alcanzando a ver la imagen más macabra que podría haber imaginado jamás.
Allí estaban ellas, sus nietas, contemplando como él se moría, sin hacer nada por ayudarlo, por socorrerlo, solo observándolo.

Nadie lo ayudó, y sin que nadie lo contuviera, se desplomó violentamente contra el suelo, produciendo un ruido seco y funesto. El viejito murió con los ojos abiertos, incrédulo, intentado descubrir en su familia aunque fuera un mínimo gesto de amor para con él.

 

(Aunque está demás aclararlo, es bueno recordarlo, para tener presente el trabajo de investigación y el estudio de caracteres de personas que se realiza para escribir cada artículo que se publica: Como todos los relatos que se publican en Periódico Cultural Hilando recuerdos, por más increíbles y dolorosos que parezcan, este también está basada en un hecho real)

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Este poema lo escribí para alguien muy querido unos días antes de que se vaya a un viaje que demoraría unos tres meses aproximadamente. Como en su momento le dediqué mi tiempo, mis sueños y este poema, hoy, que ya no estamos juntos, aprovecho este medio para desearle lo mejor para la genuina aventura que es su vida.

Para tu viaje

Por Pamela Degele

 

Para tu viaje sol, salud, buena vida;

para tus mañanas tés, algún bizcocho y alegría;

cuando tengas dificultades paz y mucha suerte;

al ver un ave sorpresa; al conocer a alguien confianza;

al cruzar un río afilada alerta;

para tus noches abrigo, estrellas y compañía;

en las playas buen  tiempo;

a la tarde sonrisas;

buenas zapatillas para patear lo que sea posible.

Que nunca te falte un licuado para cargar pilas.

Cuando ames al viento que se divierte en tu cara

y ames el rojo horizonte

que vas dejando atrás,

y a la primera señora que te ofrezca su casa,

pan casero y los cuentos del pueblo;

Cuando odies el polvo que de la calle se levanta,

y el peso de la mochila;

cuando odies las distancias;

cuando  ames las ramas que conseguiste

para prender un fuego

para poner la olla

y ames el agua que conseguiste para llenarla,

en un lugar perdido que solo visitan los locales,

donde seas una curiosidad…

Cuando sientas que esta ciudad te queda lejos,

y lejos quedan los sentimientos que se disparan de ella;

cuando sólo existan vos y tu compañera

y sean el centro de un mundo

que ustedes funden

cada día según donde vayan;

y todo el cuidado,

lo conocido,

sean el uno y el otro,

y se aferren como nunca.

Cuando te des cuenta de que

 todo cambia

y de que la única prioridad es

la respiración y un poco de agua;

cuando consigas

poner todo en perspectiva…

para tu viaje libertad

amplia y duradera:

caricias de aliento;

un arroyo de agua limpia;

y cuando abraces esa espera

que se reproduce en todos lados,

no te acuerdes de mi.

Pero sabe que voy a estar intentando

acercarme a vos

y a todas esas experiencias.

Con cariño.

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