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hilando recuerdos

Página 17

Fábulas argentinas

El águila y el gorrión

 

Por Godofredo Daireaux

 

 

El gorrión, con imprudencia de cortesano novel, criticaba en voz alta, en un círculo de muchos otros pájaros, el gobierno del águila. Aseguraba que los impuestos eran excesivos y estaban mal repartidos; que se derrochaban los dineros públicos; que la justicia era pésimamente administrada; que las elecciones, falseadas, mandaban al congreso puros politiqueros ignorantes; que todo se volvía negocio; que el verdadero mérito nunca era recompensado, y que sólo conseguían los puestos públicos los que para nada servían.

Y muchas otras cosas se disponía a criticar, cuando el águila que, sin que hubiera sentido el gorrión, se había aproximado al grupo, le preguntó de qué gobierno estaba haciendo la historia.

El gorrión no se inmutó:

-Del gobierno del abuelo de Vuestra Majestad -contestó sin vacilar, saludando al águila con toda cortesía.

Y el monarca no pidió más, recapacitando que, efectivamente, todo aquello, desde entonces, había mejorado muchísimo.

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Historias de frases famosas

Parar la olla

 Por Héctor Zimmerman

 

"No tener cómo o con qué parar la olla" resume, como es sabido, la imposibilidad de llevar al hogar el alimento indispensable. La olla es el símbolo de la comida elemental, la más pobre, como surge de otra expresión, "olla podrida", lugar adonde iban a parar todas las sobras e ingredientes baratos con que una familia sin recursos se las arreglaba para cocinar. Los franceses emplean una frase similar, pero la aplican con sentido irónico: "la olla está boca abajo" ("la marmite est renversée") se endilga a las casas donde no se convida nunca a nadie, sea por mezquindad o porque sus dueños están arruinados. La pregunta es por qué tanto para los franceses como para otros pueblos, como el español y el argentino, se habla de ollas volcadas boca abajo y ollas paradas o boca arriba. La razón obvia es que cuando esos utensilios se usan a diario lo común es verlas en la cocina de pie, apoyadas en la base; cuando eso no ocurre, permanecen arrinconadas a la espera de que venga quien las pare para llenarlas y ponerlas al fuego. La frase se oye más que nunca en las épocas de sequía monetaria. Eso explica que en la década del treinta inspirase a Celedonio Flores -que por esos años sufría en persona los efectos de la crisis- la famosa letra de "Margot", que en dos por cuatro recuerda amargamente el dicho: "...y tu vieja, ¡pobre vieja! lava toda la semana / pa' poder parar la olla, con pobreza franciscana, / en el triste conventillo alumbrado a kerosén”.

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