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hilando recuerdos

Página 4 - Opinan los abuelos - ¿Cómo debe ser una persona para dedicarse a la política?

Opinan los abuelos

De alegrías y temores

Por Juana Rottenberg

¿Qué es ser abuelo? ¿Es, entre muchas otras cosas, tener ganas de estar con los nietos, acariciarlos y estrujarlos? ¿Es sentirse desbordado por un sentimiento que se instala en el costado izquierdo del pecho y se expande por todo el cuerpo y se adueña de los sentidos?

¿Por qué, junto a la inmensa alegría de amor por nuestros nietos, algunos abuelos también tenemos miedo?

Se me ocurre que siempre que amamos mucho sentimos temor de perder al objeto de nuestro amor. Miedo a que se enferme, a que tenga un accidente, a lo que le pueda pasar en sus viajes escolares o adolescentes; miedo a la influencia de las malas compañías… Los abuelos podemos temer, también, que el nieto no logre vincularse bien con sus pares, o que seamos nosotros quienes no encontremos la forma de vincularnos bien con ellos, de darnos cuenta de sus necesidades vitales, de saber escucharlos. Por último, y por qué no, existe en muchos abuelos el temor a no ser tomados en cuenta a medida que los nietos crecen y encuentran nuevos horizontes.

Personalmente, confieso que comparto algunos de estos temores. Sin embargo, puesta a reflexionar en este tema, sé que lo que más deseo es que mis nietos sean felices y que, en todo caso, temo las dificultades que interfieran en ese camino.

Uno de los temas que recurrentemente aparece en los Grupos de Reflexión y Talleres para Abuelos, es precisamente éste: el de los miedos tan cercanos al gozo y a la dicha que dan los nietos, el de esos confusos sentimientos que van y vienen en nuestro ánimo, llegando incluso a entorpecer el disfrute.

Lo peor que podemos hacer los abuelos en estos casos, es abrumar a los hijos y nietos con nuestras angustias. Lo mejor que podemos hacer es compartirlas con nuestra pareja, si la tenemos, o con nuestros amigos, para entender en conjunto las etapas que nos toca vivir.

¿Sabremos aprender los nuevos códigos de comunicación entre los nietos y nosotros, o bastarán los eternos y perdurables códigos de afecto, más allá de todo aquello a lo que nos expone la modernidad?

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Editorial

¿Cómo debe ser una persona para dedicarse a la política?

 

Necesitamos políticos que trabajen más y, al tiempo, moderen sus salarios. Políticos que, tan pronto como sean elegidos, se apresuren a elevar los sueldos de los trabajadores y jubilados y no los propios. Políticos que no acudan a la política para mejorar su posición económica, sino por servicio a los demás.

Todos tenemos en mente cuál es el perfil óptimo de una persona dedicada a la política –opina acertadamente el escritor Mikel Agirregabiria. Y a continuación sostiene acertadamente que:- Si lo escribimos en un papel, comprobaremos con sorpresa que pocos de nuestros candidatos lo cumplen estrictamente. Hay muchas cualidades, pero podrían reseñarse siete esenciales:

Un político debiera sentirse como alguien que dedica una parte de su vida al servicio público, a resolver los problemas de una comunidad. Nunca debe creerse alguien superior, cuya soberbia visión debe ser comunicada o impuesta a su pueblo. Debe recordar en todo momento su condición de servidor, no de mandatario. Sólo se puede gobernar a la ciudadanía, sirviéndola.

Un político contemporáneo debe reconocer que la diversidad de los problemas actuales requiere soluciones complejas que movilicen a toda la ciudadanía, articulando actuaciones con grupos numerosos y plurales, instituciones diversas y todos los recursos sociales existentes.

Un político debe tener ser ecuánime, incluso en las opciones dentro de su partido, entendiendo la política como un caballo: peligroso en sus extremos e incómodo en el centro. Un político perfecto sabe que su función es como la mano que mece la cuna, el profesorado que despierta o el progenitor que prudentemente vela por su familia. Debe ser realista, es decir, un optimista con experiencia.

Un político debe ser alguien dotado de profesión, familia y militancia, a quien llega la hora de pasar a primer plano por un período. No debiera ser alguien demasiado joven, ni alguien que ha vivido siempre en y de la política. Debe disponer de una vuelta a su vida anterior. La política sólo puede entenderse como la continuación del servicio prestado desde una carrera.

Un político debe ser sincero y coherente. El arte de servir a los demás solucionando los problemas públicos sólo puede ejercerse sin mentir nunca al electorado.

Un político nunca es suficientemente sobrio, porque la moderación, la frugalidad, la sensatez debe aflorar diariamente, en cada acto, en cada declaración. Un político es un deportista modelo de fair play, que sabe perder y sabe ganar. El político perfecto debe ser amante de la humildad.

Un político debe tener una mentalidad de puente y no de muro, sin miedo a la Paz, debe ser una persona que no necesite enemigos, que como estadista piensa en la próxima generación, y no en la inmediata cita electoral.

Lo mejor que nos puede pasar como sociedad es que encontremos a hombres y mujeres que entiendan que la política es mucho más que echar la culpa a los demás, que solucionen problemas y no nos mientan todo el tiempo.

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