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hilando recuerdos

Un hombre solitario

Don Luis y su fiel amigo

 

La única tarea de aquel hombre era todos los días levantarse y pensar, sentado allí... en la silla petisa. Todos los días era lo mismo. Siempre era igual. Calentaba agua para su mate matinal, y en la silla se sentaba una y otra vez. Pensaba... quizá en la tristeza, quizá en la vida... sólo pensaba. Esto hacía.

No había cosa alguna que le motivara, todo era un suceso de hechos que, de alguna u otra manera, sucedían. Eso era lo que pasaba, esa era su manera de ver la vida. Nunca sintió el deseo de que alguien llamara a su puerta, en el rancho de madera vieja. Ocurrió así un día, de los tantos por los que había pasado.

Abrió la puerta, dudó, pero logró hacerlo.

-¿Cómo anda don Luis? ¿Qué se cuenta? –preguntó José.

-Nada nuevo… -contestó el hombre con voz débil.

-Bueno… ¡Mire! Le vengo a traer este perro abandonado, lo encontré ayer en la puerta de mi casa… Yo no puedo cuidar de él. ¿Puede usted hacerlo, don Luis?

El anciano no había esperado esto. No dudó en tenerlo, decidió cuidar de aquel perro de pelaje negro oscuro y ojos color ámbar.

Tendió su mano para saludar a José y enseguida cerró la puerta de la casa.

Miró al perro detenidamente. Don Luis sintió que algo en común tenía con aquel ser abandonado.

No sabía que era. El hombre se vio reflejado en aquel perro de calle nomás; tanto, que sintió el fulgurante deseo de cuidar de ese animal.

En años don Luis no había conseguido sonreír, aquella tarde si lo había hecho... todo por un viejo perro vagabundo.

Meses, habían pasado desde aquella tarde lejana. Don Luis, el hombre, se encontraba ahora tendido en una cama. Parecía que la muerte se le avecinaba.

Se volteó hacia su perro, su fiel amigo, se detuvo en la mirada. Por unos segundos creyó sentir que aquella criatura había caído como un ángel del cielo... Lo acarició y le dijo al oído en voz silenciosa una frase que hacía tiempo no decía: TE QUIERO. El hombre recordó ciertos momentos de su triste vida.

Se dio cuenta de un detalle: Aquel perro, que presenciaba los últimos momentos de su vida, había sido su único amigo, su única esperanza de vida.

Luego, cesó de respirar.

(Basado en un relato de Germán Garcés)

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