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hilando recuerdos

Las amas de casa alemanas del Volga

Las amas de casa alemanas del Volga

              Las madres de los pueblos alemanes solamente viven por y para su familias

         Nuestras madres alemanes del Volga son un ejemplo de amas de casa. Nadie puede explicar con exactitud cómo hacen con el tiempo; pero lo aprovechan al máximo, trabajan y trabajan todo el día: lavan, planchan, cosen, barren, limpian, cocinan, bañan a sus hijos, hacen camas, amasan, educan, llevan los chicos a la escuela…

 

El día les resulta corto. Ni siquiera tienen tiempo para pensar en sí mismas. Aunque a veces sueñan con otro mundo para sus hijos y para sí mismas, las horas no les alcanzan para luchar por él. La familia las necesita. Saben que el hambre de los hijos y el esposo no espera, que cuando los niños vuelvan de la escuela y el marido del trabajo, la comida tiene que estar lista y sobre la mesa: rica, sabrosa y humeante. No hay lugar ni espacio para las dudas ni los miedos. Presienten que si les sucede algo nadie va a poder suplantarlas y hacer todo lo que ellas hacen. Ese es su mandato: dedicarse a la familia. El sacerdote les ha dicho, el día de casarse, que se deben a su esposo y los futuros hijos, en suma a la familia, a la que anteponen su propio yo. Y eso es lo que hacen durante toda su vida, hasta el momento de su muerte.

 

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Madres de antaño

 

Testimonios de nietos que admiran y honran la memoria de sus abuelas

 

“Mi abuela, era una mujer bonachona, con unos ojos celestes preciosos. Recuerdo el olor a tierra húmeda, el pan recién horneado por la mañana temprano, su voz alegre cantando canciones lejanas. Toda su ropa y la de su familia olían siempre a limpio. Y ese amor inmenso que le profesaba a su marido, mi abuelo, a través de gestos que siempre tenían que ver con el trabajo y el sacrificio”.

 

Laura Denk

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“Mi abuela era una persona de armas tomar, tenía mucho temperamento, tuvo 7 hijos, y en su casa se respiraba orden como en un regimiento. Todo debía estar en su lugar. Ella sola sacó adelante a sus hijos pequeños cuando mi abuelo murió a los 35 años de tuberculosis”.

 

Sonia Gottfriedt

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“Mi abuela era una mujer pequeñita pero de gran corazón, que se pasaba el día inmersa en sus recuerdos. Contaba los años que había pasado criando quince hijos, viviendo en el campo, ordeñando vacas, haciendo quinta, ayudando al marido a arar, sembrar, cosechar, en una época en que todo se hacía con caballos. Por eso sus manos estaban llenas de arrugas y eran ásperas. Sin embargo nos regalaba tanta ternura y amor”.

 

Celeste Bauer

 

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              “Mi abuela sigue en la casa donde vivió siempre, pese a que murió hace varios años. Todavía sobrevive su voz, que ronda las habitaciones, canturreando una canción en alemán. Cuando la visitó, pues allí viven mis tíos, parece que todavía la veo, lava que te lava la ropa. Cocinando, planchando, cociendo pan en el horno de barro…”.

 

Juan Strevensky

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