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hilando recuerdos

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Cuando los abuelos se enamoran

 

Esta es la historia de un amor

 

 

Él, un hombre solo, aventurero y lleno de ganas de vivir, que partió de las colonias buscando forjar su destino allende el mar, en las riberas de una ciudad atlántica de la Argentina, donde, con trabajo y esfuerzo, logró cierta posición económica y una existencia libre de problemas económicos. Ella, una mujer preciosa, que también un día dejó las colonias, caminando por las calles de la misma ciudad ubicada allende el mar, necesitando un cambio en su vida, sola, después de tantos años de estar lejos de sus seres queridos sin haber consigo nada, sin haberse dado cuenta de las inmensas ganas que tenía de ser feliz. Él tiene setenta y cinco y ella acaba de cumplir sesenta y ocho.

Se encontraron un día cualquiera, a orillas del mar, con el sol dibujando un bello atardecer, pintando el horizonte de colores de ensueño. Se miraron y fue como si ambos resucitaran a la vida después de tantos pero tantos años de soledad, de buscar no sabían qué.

Él la atrajo con su encanto. Ella lo cautivó con su simpatía. Se enredaron en recuerdos de sus lugares de origen y concluyeron que los dos eran de las colonias de Coronel Suárez. Rememoraron los mismos lugares comunes de la niñez. Los mismos juegos tradicionales, las mismas costumbres, las mismas comidas alemanas… Y se deleitaron con sabores borrados por el tiempo y el olvido. La brisa del pasado los unió con su magia.

Así comenzó una historia de amor. Una historia como las que se inician todos los días a lo largo y ancho del mundo. Él se llama Ricardo Schwab y ella María Leonhard.

Y pasaron los días…

Ella lo esperaba con ansias, sabía que llegaría a su encuentro, como cada día, como cada noche. Empezó a fluir el amor, puro, sincero, y porque sobre todo verdadero, por que aquí no habían rostros, no había cuerpos, sólo había palabras y sentimientos, y eso bastaba para sentir que sus vidas tenían un mismo destino.

Se enamoraron de la forma más tierna y dulce…

Ella lo fue enamorando poco a poco, con su simpleza, con su ternura, con cariño. Él la protegía, la acompañaba, la hacía sentir aquellas cosas lindas que ella desconocía.

Ella empezó a amarlo profundamente. A sentir que él era el hombre que había esperado desde su adolescencia, que lo quería a su lado, para continuar su vida.

Él, sentía que ella, su linda María, era la mujer con quien deseaba compartir su mundo, que sería la mejor compañía que podía desear.

Así, lentamente, se fueron dando cuenta que se necesitaban, que eran el uno para el otro, que se estaban enamorando, y poco a poco fue surgiendo lo mas tierno: comprendieron que se deseaban.

Hoy, cinco años después, aún están juntos. Se aman intensamente como el primer día. Se adoran y se profesan un amor inmenso. Comparten sueños y el, poco o mucho tiempo que todavía les aguarda: una casa, una existencia en común… la felicidad de estar juntos.

Ellos, Ricardo y María, viven en la gloria de la alegría y la dicha, bendecidos por la vida, por haberle ganado a la soledad.

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Desde el alma II

No me prometas

No me prometas castillos
ni me enseñes futuros.
Sólo déjame disfrutar ahora,
porque ahora es cuando te necesito.
Mañana puede ser tarde.
Dame ahora tu querer,
entrégame ahora tu amor.

 

 

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