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hilando recuerdos

Página 28

Fábulas argentinas

El capón

Por Godofredo Daireaux

 

En el chiquero disparaban por todos lados los capones, sintiéndose amenazados por el ojo certero y la mano vigorosa del resero; y tanto más gordos se sentían, más asustados andaban.

Entre ellos estaba un capón bastante viejo, que los compañeros se admiraban de ver tan tranquilo en semejante trance.

¿Por qué privilegio singular había llegado a su edad sin haber caído jamás en la volteada? Su lana era linda, su tamaño regular; sólo su estado de gordura quizá dejaría que desear; y efectivamente parecía más bien delgado.

El resero ni lo revisó siquiera; a la simple vista se dio cuenta de que no valía la pena mirarlo de más cerca, y lo dejó tranquilo.

Un caponcito de los a quienes todavía no podía tocar la suerte, oyó entonces que el dueño de la majada decía al resero, señalando al capón viejo: «A ese animal le voy a poner cencerro, pues nunca lo podré vender; nunca lo he visto gordo; apenas a veces ha llegado a ser regular. No sé lo que tendrá, pues no parece enfermo».

Y preguntó el caponcito al capón viejo cuál era su secreto para haber evitado la suerte de todos los demás.

El viejo le contestó que, habiéndose fijado en que cuanto más llamaban la atención sus compañeros por su estado de prosperidad, más expuestos estaban a ser apartados por gente desconocida que no podía tener buenas intenciones, había formado desde chico la resolución de no lucirse nunca demasiado, de comer solamente para sostenerse en buena salud y quedar en un estado modesto, casi humilde, para no atraerse desgracias. «Y ya ves el resultado; he pasado la vida muy tranquila, sin sobresaltos de ningún género, y hasta honores me van a conceder, ya que está el amo por ponerme campanilla».

 

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¿Cómo explicar algunos hechos históricos?

 

Rarezas de la historia

 

Por Miguel Ángel Sánchez de Armas

 

Es fascinante el sentido histórico, entre otras razones porque de vez en cuando nos revela escalofriantes coincidencias que no parecen tener explicación razonable, salvo quizá que obedecen a lo voluble y torcido de la condición humana. Por ejemplo, los paralelismos macabros en las muertes violentas de personajes públicos. Entre muchos casos, citaré uno: Lincoln – Kennedy, ex presidentes de los Estados Unidos..

 

Las vidas de Abraham Lincoln y de John F. Kennedy tienen un asombroso paralelismo. Lincoln fue elegido al congreso en 1846 y Kennedy en 1946. Lincoln fue elegido Presidente en 1860 y Kennedy en 1960. Ambos fueron promotores de los derechos civiles. Las esposas de ambos perdieron hijos cuando todavía estaban en la Casa Blanca. La secretaria de Lincoln se apellidaba Kennedy y la secretaria de Kennedy, Lincoln.

Ambos fueron asesinados en viernes de tiros a la cabeza, Lincoln en un teatro llamado Ford y Kennedy en un auto Lincoln fabricado por la Ford. Sus sucesores fueron sureños con el mismo apellido: Andrew Johnson, que reemplazó a Lincoln, nació en 1808. Lyndon Johnson, que reemplazó a Kennedy, nació en 1908.

Los dos criminales eran sureños. John Wilkes Booth, el asesino de Lincoln, nació en 1839. Lee Harvey Oswald, el asesino de Kennedy, nació en 1939. Ambos eran conocidos por sus tres nombres, algo no muy común en la cultura norteamericana. La suma de las letras de ambos nombres da el mismo número: 15. Ambos fueron a su vez asesinados antes de ir a juicio.

 

 

 

 

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