
Periódico Cultural Hilando recuerdos le da la bienvenida a su blog oficial, donde encontrará páginas que reflejan la actividad que desarrolla para rescatar y preservar la identidad cultural de los descendientes de alemanes del Volga. Visítelas y conozca la historia, cultura, tradiciones, costumbres e idiosincrasia de esta etnia. Muchas gracias por visitar el blog y colaborar en la difusión de la cultura e historia de los descendientes de alemanes del Volga.
Periódico Cultural de los pueblos alemanes de Coronel Suárez
Hilando recuerdos
Rescata y revaloriza la historia y el patrimonio cultural
de los descendientes de alemanes del Volga
Mentalidades, costumbres, formas de vida, creencias, expresiones políticas, manifestaciones artísticas, aportes culturales, actividades económicas, conformación social de la clase inmigrante que habita los pueblos alemanes de Coronel Suárez y que se conoce como descendiente de alemanes del Volga.
Difusión de las notas periodísticas que publica el escritor e investigador Julio César Melchior en su mensuario Hilando recuerdos, el Periódico Cultural de los Pueblos Alemanes de Coronel Suárez, que tiene como premisa rescatar y revalorizar la cultura e historia de los descendientes de alemanes del Volga.
Investiga, escribe y edita el periódico el escritor en sociedad con su hermana María Claudia Melchior, que tiene a su cargo la producción y distribución del mismo.
Tengamos en cuenta que todos los recuerdos, anécdotas y situaciones vividas en el pasado, nos sirven para tener herramientas para construir un futuro mejor, más justo e igualitario.
Introducción
Aprendimos a vivir sin tener en cuenta que los recuerdos no mueren. Nos formamos en el andar de la vida dejando en el camino del ayer historias que luego lamentamos haber perdido. Acontecimientos cotidianos que delinearon nuestro carácter, que forjaron nuestra voluntad sobre el yunque de la existencia, con martillazos de alegrías y tristezas, o que nos hicieron hombres dándonos una lección. Pequeñas vivencias, que de tan sencillas, simples y triviales, en la niñez y juventud, nos parecían hechos insignificantes, sucesos a los que no vale la pena tener en cuenta siquiera.
Y así, en el diario vivir, en el minuto a minuto, olvidamos una palabra dulce dicha al oído por un ser querido, un gesto o un abrazo fraterno, una caricia, un consuelo, un beso suave y tierno, un te amo de alguien que con los años dejamos de amar, y hasta, a veces, un adiós que nos hizo llorar tanto pero tanto. Perdimos en la vastedad de la memoria, inmersos en la era del consumismo, imágenes de la colonia que un día fue una localidad distinta, con casitas de adobe y hornos de barro y chimeneas humeando aroma a pan casero horneado en frías madrugadas de invierno; con mamá, papá, la abuela y el abuelo vistiendo ropas tradicionales que nos parecían anacrónicas y fuera de moda; con sus tradiciones y costumbres que le conferían identidad; con sus campanas de la torre de la iglesia tocando a rezar el Ángelus o llamando a asistir a misa; con sus procesiones solemnes y fastuosas; sus fiestas religiosas: Kerb, Pascua, Navidad... y el Pelznickel deambulando en Nochebuena por las calles de tierra, buscando ingresar en las viviendas para castigar a los niños que se portaron mal durante el transcurso del año.
Olvidando, a medida que crecíamos, los sueños soñados en largas tardes de verano sentados cerca del arroyo pensando en un mañana en el que regresamos al pueblo convertidos en profesionales para prestar un servicio, hacer realidad proyectos comunitarios para hacer crecer el poblado, educar la comunidad... Pero nos fuimos yendo sin darnos cuenta, dejando en algún rincón de la colonia enterrados los sueños tan anhelados. Y ajenos a todo, en ocasiones residiendo en otra localidad, nos enterábamos como iban desapareciendo las cosas donde alguna vez jugamos e imaginamos las ilusiones que no llevamos a cabo nunca; y como se iban yendo, lenta pero inexorablemente, seres que amamos y que jamás volvimos a ver. Personas, cosas y ambientes que los años y el progreso sepultaron en el sitio donde se guardan los tesoros que se desentierran en la vejez, cuando ya es tarde para volver a ellos, cuando la nostalgia y la melancolía nos hacen ver la realidad y descubrir cuan equivocados estábamos cuando pretendimos olvidar nuestro pasado nada más porque era diferente, porque tenía acento alemán, porque... tantas pero tantas cosas, que aún sin darnos cuenta se nos escapa una lágrima, un llanto profundo, que surge desde lo más hondo del alma, añorando la ausencia de una época que no volveremos a vivir y que, en algunos momentos, no supimos o no quisimos valorar y amar en su justa medida. Tan ciegos estábamos de progreso, obnubilados por las luces de las ciudades, que en más de un caso nos quitaron lo único verdadero que teníamos: la identidad. Que es, precisamente, lo que se propone rescatar, mes a mes, Periódico Cultural Hilando recuerdos.



